A veces no volvemos a una relación porque nos haga bien, sino porque se parece demasiado a lo que nuestro cuerpo aprendió a llamar amor.

En general, las personas no buscamos sufrir. Faltaría más. Pero es verdad que hay ciertos modos de vincularnos que nos resultan reconocibles y familiares y solemos confundir esa familiaridad con amor, destino o conexión

Por eso hay personas que, aunque racionalmente sepamos que una relación nos hace daño, no somos capaces de salir de ella. Porque no solo estamos sosteniendo el vínculo, sino que tratamos de resolver heridas antiguas a través de personas nuevas.

Por qué repetimos siempre el mismo tipo de relación

En general, solemos vincularnos a un perfil muy similar porque nos enganchamos a la esperanza de que, si ahora lo conseguimos hacer bien, si ahora cuidamos mejor, si nos esforzamos un poquito más, tal vez ahora puedan elegirnos y no nos abandonen de nuevo.

Pero vamos, que a veces ni siquiera el patrón está tanto en las personas que elegimos, sino en el papel que ocupamos nosotros dentro de la relación.

Y es que también pueda ser que no solo te cueste soltar a una persona en concreto, sino el papel que esa relación ocupa en nuestra vida.

Puede ser que acabes constantemente con personas emocionalmente distantes porque sientas una necesidad continua de cuidar, demostrar o sostener a los demás o que vivas con miedo a molestar, a decepcionar o a que el otro deje de elegirte.

Y aunque cada relación parezca distinta, emocionalmente el lugar que ocupas acaba siendo parecido.

Porque muchas veces, salir de un patrón no trae una paz y calma inmediata. Sino que incluso nos trae soledad, pero sobre todo nos trae miedo y vacío porque ya no sabes quién eres si no estás intentando cuidar a la otra persona.

La esperanza de que esta vez sí te elijan

En el fondo, como ya había mencionado de una forma un poco superficial, uno de los aspectos más dolorosos de estos patrones es que no solo repetimos el vínculo, sino que también repetimos la esperanza.

La esperanza de que esta vez no te abandonen, de que esta vez sí seas suficiente, de que consigas que alguien se quede al fin y que esta vez tus esfuerzos tengan un resultado distinto.

No veas cómo engancha esto por lo que representa emocionalmente.

Cómo empezar a salir de estos patrones relacionales

Salir de este patrón no consiste simplemente en encontrar a otra persona diferente, sino que muchas veces implica otras cosas cómo:

Observar qué tipo de personas son las que más te activan.

Poner el foco en diferenciar la intensidad de la seguridad.

Detectar qué papel estás ocupando en tus vínculos.

Tolerar la angustia y el miedo de tomar decisiones distintas.

Trabajar la culpa, el miedo al abandono o la necesidad de ser necesari@ para el otro.

Construir una vida que no dependa solo de ese vínculo.

Recuerda que romper un patrón no solo consiste en elegir a otra persona diferente, sino que empieza cuando te colocas en una posición distinta a la hora de poder elegir.